1 Dom Cuaresma BEl texto Marcos 1, 12-15   Descargar PDF

(lee este texto, serena y tranquilamente una o varias veces hasta desentrañar parte de su estructura, personajes y organización)

12Enseguida el Espíritu lo empujó hacia el desierto, 13y estuvo en el desierto cuarenta días, siendo tentado por Satanás, y estaba en medio de las fieras, y los ángeles le servían.
14Después de ser apresado Juan, Jesús se fue hacia Galilea anunciandoel Evangelio de Dios, 15diciendo: “El tiempo se ha cumplido y se ha acercado el Reino de Dios, conviértanse y crean en el Evangelio”.

 

LEXIO
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Encontramos dos escenas que se desarrollan inmediatamente después el bautismo en el Jordán:1) la permanencia de Jesús en el desierto y 2) el inicio de su actividad evangelizadora en Galilea.
La permanencia en el desierto se narra sobriamente, a diferencia de los relatos de los otros dos evangelios sinópticos (Mt 4, 1-11; Lc 4, 1-13), en que se nos ofrece el contenido de las tentaciones. Sin embargo, en pocas palabras, Marcos nos introduce a un mundo más amplio y complejo pues las tentaciones son sólo una parte de su estar en el desierto, junto al vivir entre las fieras y ser servido por los ángeles. Las tres acciones son repetitivas y continuadas, no son un hecho puntual.

Llama la atención que Jesús es empujado por el Espíritu, se usa un verbo fuerte para mostrar la accióndel Espíritu: Jesús es “echado fuera” hacia el desierto, lo que puede adquirir diversas figuras: un castigo (Gn 3, 23), una transición (Ex 12, 33); una llamada a la conversión (Os 2, 14); un lugar de refugio (1Re 19; Ap 12, 6); o un lugar de preparación y revelación del proyecto de Dios, como Moisés en el Sinaí (Ex 24, 18). El uso de los 40 días nos sugieren esta última lectura, pero nos conviene no desechar los otros sentidos.

En el desierto Jesús es tentado por Satanás, se nos dice usando una expresión que podría entenderse “bajo su poder”, el Hijo de Dios realmente no tiene prerrogativa diversa a cualquier hombre, pues se somete igualmente a la acción del Adversario, no se exime de la prueba. Si no se dice el contenido de la tentación, tampoco se dice el resultado, pero podemos intuir que Jesús sale victorioso por los signos que le acompañan. Vive entre las fieras, como se vivía en el Paraíso, como se promete que habrá esa paz entre todas las creaturas (Ez 34, 20; Is11, 7-9). Y también por la presencia de los ángeles que le sirven que es el resultado de su victoria en los relatos de Mt y Lc, y es también un signo de su naturaleza divina que opera ya en el mundo (Gn 28, 12; Jn 1, 51). Jesús no se nos presenta como actor de un acontecimiento, sino que se nos habla de un mundo en el cual él está inmerso que a la vez es de prueba y de cumplimiento de profecías, donde convive lo animal y lo espiritual, en medio de la moción del Espíritu y la tentación. En medio de estas contrariedades, Jesús se prepara para su misión.

La segunda parte, comienza con el arresto de Juan. Pero Jesús no es un continuador de su ministerio, pues cambia de lugar. También predica la conversión, pero no a la espera de algo, sino porque el tiempo ya se ha cumplido, y el Reino ya se ha acercado. El tiempo cumplido podría ser el mismo de la prueba, y el Reino cercano se manifiesta en el cumplimiento de las profecías de la convivencia con la creación y con los ángeles de Dios. Jesús con su predicación inaugura una manera nueva de vivir en el mundo, dejando atrás el desierto, entramos a la Tierra prometida del Reino.
El contenido de la predicación son dos elementos: Reino y Evangelio de Dios. El Reino ya ha llegado – es obra de Dios ya operante –, y para el Evangelio, se expresa el mandato de convertirse y creer – obra humana por cumplir –.

 

REFLEXIO 

... y encontrarás meditando. (Reflexión personal y profundización sobre la Palabra, lo que a mí me dice ahora)
En el mundo, sin ser del mundo; no para condenarlo, sino salvarlo.
El mundo en el cual vivimos también está lleno de esas contrariedades del desierto de Jesús. Vivimos entre luces y sombras, entre lo material y lo espiritual, entre lo natural y lo que hemos transformado, entre el cumplimiento de las promesas y las pruebas a las que nos vemos sometidos aún. Como Jesús, somos empujados por el Espíritu, y también estamos expuestos al tentador. Si bien no se nos ofrece aquí el relato ejemplar del triunfo de Jesús, vemos que lo que rompe la situación continua de esta permanencia en el desierto es la predicación del Evangelio.

El cristiano no sólo lucha por evadir el mal, sino que también está llamado a anunciar el Evangelio. Son dos dimensiones de nuestro ser en el mundo, como lo explicará ampliamente el evangelio de Juan (cc. 14-17). No podemos huir del mundo, no podemos evitar la prueba; pero en el mundo hemos de discernir qué espíritu nos mueve, Aquel de Dios, o el que es adverso a él. Y nuestro estar en el mundo no es “para probarnos aisladamente” sino para que podamos anunciar y convertir este mundo y sea salvado en la comunidad, comenzando como Jesús desde la propia casa.

La prueba, el estar en el desierto, no es algo malo para rehuir; aunque tampoco es algo para buscar. Siempre movidos por el Espíritu, lo podemos vivir con diversa actitud: para renovar nuestra esperanza en su providencia, discernir su voluntad para obedecerla, prepararnos a una misión y manteniendo un proceso de conversión y de anuncio del Evangelio.

 

ORAXIO
Llama orando... (Lo que le digo, desde mi vida, al Dios que me habla en su Evangelio. Le respondo)
Tú me sondeas y me conoces (Salmo 138)
Señor, a veces yo soy el que huyo de ti hasta el otro lado del mar; a veces eres tú quien me empuja al desierto. A veces la tiniebla me envuelve y a veces soy yo quien no abre los ojos para descubrir como actúas en el mundo. Pero sé, que siempre, aún en la más dura prueba, estoy ahí, en tu mano.

Ayúdame y enséñame a discernir la voz de tu Espíritu, para rechazar el mal y así anunciar dignamente tu Evangelio. Y si mi pie se desvía por mal camino dame el valor de rectificar mis vías. Sondéame, tú me conoces sabes que soy pecador desde el vientre de mi madre; confío en que eres capaz de formar en mí un corazón nuevo.

 

CONTEMPLAXIO 

y se te abrirá por la contemplación (Hago silencio, me lleno de gozo, me dejo iluminar y tomo decisiones para actuar de acuerdo a la Palabra de Dios)
¿Me siento consolado por la presencia de Dios en medio de mis pruebas y tribulaciones? ¿Cuáles son las situaciones recurrentes en mi vida que son para mí motivo de vivir tentado por el Adversario? ¿Cómo puedo vivir mi vocación cristiana sin miedo en el mundo, sin angelismos ni materialismos? ¿Cómo viviré y pediré la docilidad al Espíritu de Dios? ¿Hacia dónde me empuja él?

 

 

4 Dom Cuaresma BEl texto Juan 3, 14-21  Descargar PDF

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[En aquel tiempo, Jesús dijo a Nicodemo] 14y así como Moisés levantó la serpiente en el desierto, así debe ser levantado el Hijo del hombre, 15para que todo el que cree en él tenga vida eterna. 16Pues así ha amado Dios al mundo, que ha entregado a su Hijo unigénito, para que todo el que cree en él no sea destruido, sino que tenga vida eterna. 17Pues Dios no ha enviado su Hijo al mundo para que juzgue al mundo, sino para que el mundo sea salvado por medio de él. 18El que cree en él no será juzgado. El que no cree ya ha sido juzgado porque no ha creído en el nombre del unigénito Hijo de Dios.

19Éste es el juicio, que la luz ha venido al mundo y los hombres han amado más la oscuridad que a la luz, pues sus obras son malas. 20Todo el que practica el mal odia la luz y no se encamina hacia la luz para que no se conozcan sus obras. 21Todo el que obra la verdad viene hacia la luz, para que se muestre que en Dios sus obras son hechas.

 

LEXIO
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Nos encontramos con una parte del diálogo entre Jesús y Nicodemo, miembro del sanedrín que lo busca en la noche. La noche envuelve varios significados, tanto la oscuridad, como la intimidad. Se busca en la noche para no ser descubierto, se busca en la noche lo que se ama. La confrontación entre luz y oscuridad es muy recurrente en el Evangelio de san Juan.

Esta parte del diálogo sigue a la pregunta hecha por Nicodemo sobre la posibilidad de nacer de nuevo, Jesús responde: siendo tu maestro de Israel no eres capaz de comprender. Con este título de maestro de Israel, aparece como primer signo Moisés, que como Jesús no es comprendido por el pueblo, y es víctima de murmuraciones. Moisés ha de levantar en el desierto una serpiente de bronce para sanar a quienes eran mordidos por las serpientes enviadas como castigo al pueblo (Num 21, 4-9). En este episodio vemos que la misma causa de muerte, es la misma causa de salvación: la serpiente puesta en alto y a la vista de todos. Así Jesús, asumiendo la muerte que aflige a todo hombre, y puesto en lo alto de la cruz, se convierte en causa de vida eterna para todo el que crea en él.

El Hijo del hombre ha sido enviado por Dios como la serpiente, pero no para condenar, sino para dar la vida eterna. La condenación está en quien no acepta la presencia de Dios como luz, tal como anuncia Juan desde el prólogo del Evangelio (Jn 1, 10-12), como hizo el pueblo de Israel en el desierto. Además se menciona la causa del porqué no se acepta la luz: para que sus obras permanezcan en la oscuridad y no sean descubiertas.

En Nicodemo vemos un doble movimiento, se mueve en la oscuridad para no ser descubierto por los hombres, pero se dirige hacia Cristo, que será presentado como la luz del mundo. Hay una resonancia de esto en el paragón que se hace entre quien obra el mal y el bien: el que se aleja de la luz trata de esconder sus propias obras; mientras que quien se acerca a ella, no es su propia bondad la que se ve, sino la de las obras de Dios.

 

 

REFLEXIO
... y encontrarás meditando. (Reflexión personal y profundización sobre la Palabra, lo que a mí me dice ahora)
¿Por qué existe el mal en el mundo?
Ante el misterio del mal, de la muerte, del sufrimiento, la respuesta más adecuada es el silencio. Cuando murmuramos, nos acarreamos más sufrimiento acrecentando nuestra desesperanza. Buscamos culpables, y cuando no les hallamos, estamos tentados de culpar al mismo Dios, como hicieron los israelitas en el desierto, siendo que muchas veces han sido nuestras malas obras – ocultas en la oscuridad – las que nos han provocado estas consecuencias, sea a nosotros mismos o a otros que sufren por nuestra culpa. Resulta necesario acercarnos progresivamente hacia la luz, y descubrir entonces el proyecto de Dios en nuestras vidas: salvación y vida eterna, y desenmascarar a la vez nuestro obrar de condenación y oscuridad.

Para esto, no basta con preguntarnos el porqué del mal en el mundo, sino el porqué no he hecho yo el bien, las obras de la luz. Hemos de levantar los ojos a lo alto para ver el mal con los ojos de Dios y poner este discernimiento al centro de nuestra vida. Cerrar los ojos al mal, marginarlo, no lo elimina; pero dejarnos iluminar por Dios, nos mueve a transformarlo, de causa de muerte en causa de vida. Es así como se manifiesta Dios en nuestras propias obras: cuando entorno a las más profundas miserias humanas, también se gestan los más grandes signos de amor. ¡Esta es la fuerza de Dios!, capaz de tomar algo tan funesto como la muerte de su Hijo único y hacer de ella fuente de vida para todos los hombres. ¡Esta es la fuerza de la Pascua!

También nuestras propias contradicciones, puestas con transparencia ante la luz de Cristo, pueden convertirse en causa de salvación, pues no ha venido a condenar, sino a salvar a través de la fe en él. Creer en el amor para vivir el amor justo ahí donde parece no haberlo. No necesitamos ser perfectos para hacer el bien, porque a la luz obra el Señor junto con nosotros, y aún nuestras debilidades harán brillar la fuerza de Dios en nuestras vidas (2Cor 12, 9).

 

ORAXIO
Llama orando... (Lo que le digo, desde mi vida, al Dios que me habla en su Evangelio. Le respondo)
En tus oscuridades se enciende un fuego que no se apaga jamás (Hermano Roger de Taizé, Pasión de una entrega, Carta 1997)

“Espíritu del Dios vivo, cuando la duda y las indecisiones para acogerte parecerían sumergirlo todo, tú estás allí presente.
Tú reanimas el fuego que dentro de nosotros arde bajo las cenizas. Este fuego lo enciendes con nuestras propias espinas, con lo que nos duele de nosotros mismos y de los demás, hasta tal punto que, incluso las piedras de nuestro corazón, por ti, pueden volverse incandescentes, luz en nuestras tinieblas y aurora en nuestra oscuridad.”

 

CONTEMPLAXIO 
y se te abrirá por la contemplación (Hago silencio, me lleno de gozo, me dejo iluminar y tomo decisiones para actuar de acuerdo a la Palabra de Dios)

¿Cómo me siento ante Jesús que no ha venido a condenarme, sino a darme la vida eterna?
¿Me da esto la confianza necesaria para ver mis propias oscuridades como lugares en donde Dios puede actuar y transformar?
¿Qué significa para mí vivir en la luz? ¿Cómo puedo vivir en la luz? ¿Cómo disminuir mis “murmuraciones” y abrirme a la gracia de la fe?
Contempla el crucifijo, déjate tocar por el profundo dolor del crucificado, y déjate abrir a la esperanza del Resucitado que te da vida eterna.

 

 

3 Dom Pascua BEl texto Lucas 24, 35-48  Descargar PDF

(lee este texto, serena y tranquilamente una o varias veces hasta desentrañar parte de su estructura, personajes y organización)

35 Y ellos externaban las cosas que les sucedieron en el camino y como fue conocido a ellos en el partir del pan. 36 Cuando decían estas cosas, él se puso en pie en medio de ellos y les dijo: Paz a ustedes. 37 Pero ellos aterrorizados se llenaron de miedo, pensaban de ver un espírtu. 38 Entonces él les dijo: ¿Por qué están turbados?, ¿por qué surgen dudas en su corazón? 39 Vean mis manos y mis pies, que Soy Yo mismo. Tóquenme y vean, que un espíritu no tiene carne ni huesos como ven que yo tengo. 40 Y diciendo esto les mostró las manos y los pies. 41 Aún estando incrédulos a causa del gozo y asombrados les dijo: ¿Tienen aquí algo de comer? 42 Ellos le dieron un trozo de pescado asado.

43 Y el tomándolo, comió delante de ellos. 44 Después les dijo: Estas son las cosas que les he dicho mientras estaba con ustedes, que debía ser cumplidas todas las cosas sobre mí escritas en la ley de Moisés, en los profetas y en los salmos. 45 Entonces les abrió a ellos el conocimiento para comprender las Escrituras. 46 Y les dijo: Así estaba escrito que el Cristo padecería y se levantaría de los muertos en el tercer día, 47 y sería predicado en su nombre la conversión para el perdón de los pecados a todos los pueblos, comenzando desde Jerusalén. 48 Ustedes son testigos de estas cosas.

 

LEXIO

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En un primer momento, observamos el encuentro del Resucitado con sus discípulos. Mientras los de Emaús y Simón comparten (con el verbo “sacar a fuera”) sus experiencias de haberlo visto, Jesús se hace presente “estando de pie” en medio de ellos. Se usa el mismo verbo que designa la resurrección.

Aunque el Resucitado les saluda: “Paz a ustedes”, en un segundo momento encontramos un efecto diferente: dudas y turbación pensando que ven un espíritu. No hay referencia a una actitud diversa de aquellos que ya le habían visto antes. Jesús debe testimoniarles dos veces su encarnación mostrándoles su carne y hueso. El mostrar manos y pies conlleva mostrar las heridas de su muerte. Luego dice “yo soy el mismo” - el “yo soy” usado en otros textos como manifestación divina, unido al “mismo” como continuación de la propia humanidad -. La incredulidad continua, ahora a raíz del gozo, así que hace otro signo vital: comer. El pescado asado no es una comida ritual –como el vino y el pan–, es una comida ordinaria, aunque se hallan lejos del mar, en la ciudad a un costado del desierto.

En un tercer momento explica de nuevo a los discípulos el cumplimiento de las Escrituras, como lo hizo camino a Emaús (Lc 24, 25-27). Hace mención de la totalidad del Antiguo Testamento, de acuerdo a la división hebrea: la ley de Moisés (Torah), los Profetas (Neb'im) y los Salmos (Ketubim). Es un anuncio de la Pasión como los que hizo previamente (Lc 9, 22.44). Encontramos una cadena de tres verbos: padecer, resucitar y ser proclamado. “Proclamar” es un verbo débil que necesita de un contenido (el nombre de Jesús muerto y resucitado) y un destinatario (todos los pueblos), y tiene una finalidad: el perdón de los pecados. Finaliza con un envío, “ustedes son testigos”, no se trata sólo en una acción como ministerio externo, es una identidad.

 

REFLEXIO 

... y encontrarás meditando. (Reflexión personal y profundización sobre la Palabra, lo que a mí me dice ahora)
Una vida que se manifiesta.
Llama la atención el verbo: externar. No hablan los discípulos de doctrinas o ideas que están en el aire, sino de lo que está muy dentro de ellos. Cuando hacemos este ejercicio de comunicar nuestra experiencia de Cristo en la comunidad, él se hace presente (Mt 18, 20). Tantas veces nuestra fe se reduce a intimismos, reduciéndola a sólo un recuerdo sin transformarse en Presencia Viva del Señor en medio de nosotros.

Aunque el Señor nos ofrece la paz, hay muchas dudas en nuestro corazón, sea por miedo o porque nos parece demasiado bueno para ser verdad. Nuestra mente tan racional piensa de ver un espíritu, disociando la fe de la vida cotidiana. Cuando esto sucede, no entendemos la Paz del Resucitado. Pero él se deja tocar en la propia carne, porque nuestra fe no es la espera de un espiritualismo post-mortem, sino que ha de ser como es el Señor: de carne y hueso. Jesús se manifiesta mostrando las huellas de su muerte pero también con un signo de vida: comer, que revela la caducidad de nuestros cuerpos, pero al mismo tiempo es signo de su renovación, pues con el alimento se forman nuevos tejidos y se obtiene energía. Si bien podemos intuir que el cuerpo resucitado no tiene necesidad de alimento, Jesús al comer manifiesta que no dejado de ser el mismo cuerpo, la misma persona.

Ya que nuestro corazón tiende a olvidar, Jesús anuncia de nuevo su pasión, ¡y cuántas veces más nos la tendrá que repetir! Estamos invitados a recordar todo cuanto nos ha dicho estando con nosotros, para poder ser testigos.

El perdón de los pecados es signo especial de la salvación (Lc 5, 20; 7, 47; Mt 1, 21; 26, 28; Jn 1, 29; 8, 24). La palabra hebrea de paz “shalom” implica saldar las cuentas, que nos recuerda que sólo cuando nos levantamos del pecado y vivimos en la libertad de los hijos de Dios estamos en paz. Esto es empezar a vivir como resucitados.

 

ORAXIO
Llama orando... (Lo que le digo, desde mi vida, al Dios que me habla en su Evangelio. Le respondo)
Hazme un instrumento de tu Paz.

Señor, tantas veces tengo miedo a todo aquello que no comprendo y fácilmente me olvido de tus palabras estancándome en mi turbación. Dame tu Paz.
Repíteme una y otra vez tu palabra hasta que se marque en mi carne y se grabe en mi corazón. Que comprenda tu Paz.
Ayúdame a ser tu testigo compartiendo todo el bien que me haces, especialmente cuando perdonas mis pecados. Que viva tu Paz.
Señor, mi pueblo y yo necesitamos paz y justicia, danos valor para compartir nuestra fe en comunidad y en la vida diaria para que tú estés presente en medio de nosotros, en tu Iglesia y en el mundo. Que construyamos tu Paz.

 

CONTEMPLAXIO
y se te abrirá por la contemplación (Hago silencio, me lleno de gozo, me dejo iluminar y tomo decisiones para actuar de acuerdo a la Palabra de Dios)
¿Qué hay más en mi corazón?, ¿turbación o paz? La paz como signo de la presencia de Dios hace que aún en las dificultades brote la alegría, como “el signo de un corazón que ama mucho al Señor” (M. Mazzarello).
¿Vivo en unidad mi fe, encarnándola y compartiéndola en mi vida cotidiana?
¿Dedico tiempo a recordar la Palabra de Dios para comprenderla?
Descubre la presencia del Señor resucitadon tu vida, y llénate de su Paz para poder comunicarla.

 

 

 

6 Pascua BEl texto Juan 15, 9-17  Descargar PDF

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9Como el Padre me ha amado, así yo a ustedes los he amado. Permanezcan en mi amor. 10Si observan mis mandamientos, permanecerán en mi amor, como yo he observado los mandamientos de mi padre y permanezco en su amor. 11Les he dicho estas cosas para que mi alegría esté en ustedes y la alegría de ustedes sea hecha plena. 12Este es mi mandamiento, que se amen los unos a los otros como yo los he amado.

13Ninguno tiene amor más grande que éste, que quien da su vida/alma por sus amigos. 14Ustedes son mis amigos si hacen lo que les mando. 15Ya no les digo siervos, ya que un siervo no conoce lo que hace su señor, a ustedes les he llamado amigos, ya que todas las cosas que he escuchado a mi padre los he dado a conocer. 16No me han elegido ustedes a mí, sino a ustedes yo les he elegido y los he constituido para que vayan y porten fruto y su fruto permanezca, a fin de que cuanto pidan al Padre en mi nombre lo de a ustedes. 17Esto es lo que les mando, que se amen los unos a los otros.

 

 

LEXIO
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Este discurso de Jesús lo encontramos cuando él se presenta como la Vid verdadera (Jn 15, 1-17). De ahí la importancia de los verbos: permanecer y tener vida. El sarmiento que no permanece en la vid se seca y es cortado y echado al fuego; el que permanece tiene vida y da mucho fruto. La manera de permanecer es el cumplimiento de los mandamientos, estos mandamientos en plural se resumen y se radicalizan en el mandamiento del amor que ya había sido enunciado (vv. 34-35) y que se repite aquí dos veces (vv. 12.17).

Se muestra una concatenación de personajes: el Padre, Jesús, los discípulos. En estos se manifiestan de manera análoga tanto el amor (que desciendo desde el Padre) como el cumplimiento de los mandamientos (para permanecer en esta cadena). El fruto de esta permanencia en el amor a través del cumplimiento de los mandamientos es la perfección de la alegría de Cristo en los discípulos.
Los vv. 13 y 14 nos muestran la relación especial de Jesús con los discípulos: una amistad con un amor tan grande que llega al punto de entregar la propia vida, y no se trata sólo de la vida biológica, sino de lo más profundo de la vitalidad humana (psiché). Sin embargo, esta relación de amistad, de parte de los discípulos tiene una condición: hacer lo que él manda. Encontramos una paradoja entre el libre don de Jesús y la respuesta condicionada de sus amigos, que se subraya con la libre elección de Cristo (v. 16). El término amigos es contrapuesto al de siervos, dado que no se trata de una obediencia ciega a una autoridad, sino al conocimiento de lo íntimo de la vida familiar (v. 15). Reaparece el tema del fruto de quien permanece unido a la vid (vv. 4-5), pero ahora se acentúa la perennidad de éste; estableciendo una conexión permanente de los discípulos con el Padre a través del nombre de Jesús.

 

MEDITAXIO 

... y encontrarás meditando. (Reflexión personal y profundización sobre la Palabra, lo que a mí me dice ahora)
La alegría de ser amados.
Cuando hablamos de una amistad sincera y verdadera, generalmente le añadimos el calificativo de “incondicional”. Pareciera que Jesús nos pone la condición de cumplir los mandamientos para poder acceder al título de amigos, sin embargo, esa condición no depende de él. Su amor se muestra más allá de lo incondicional entendido como una mera aceptación del otro, sino que es una entrega total y activa, involucrando en ello la totalidad de la persona, incluidas las capacidades afectivas. Al sabernos amigos de Jesús, no estamos hablando de un selecto club de socios privilegiados, sino de una permanencia vital y afectiva. Es nuestra libertad de observar o no los mandamientos del Padre la que nos posibilita o impide existencialmente la capacidad de amar (y de sabernos amados).

Un siervo que obedece por temor o por simple obligación no tiene más paga que lo estipulado en el contrato: un estipendio que se enajena del señor. Pero el amigo y el hijo, que conocen el proyecto del corazón del Padre y lo observan movidos por el amor, lo que reciben es la alegría como fruto propio de esta relación, de ahí que este fruto permanece, pues no se agota – como un bien externo a Dios – sino que se acrece y profundiza. Permanecer en el amor del Padre es una opción libre de permanecer en la predisposición de amar. No se trata pues de un amor voluntarista, sino también de un dejarse permear y transformar por el amor del Padre.

 

ORAXIO
Llama orando... (Lo que le digo, desde mi vida, al Dios que me habla en su Evangelio. Le respondo)

Tú, Señor, eres la fuente de mi alegría.
No hay amor más grande que el tuyo, que has entregado toda tu vida, tu alma, tu corazón por nosotros, a quienes has querido llamar amigos. Nos has elegido, simplemente porque nos amas; sin más pretensión que tengamos vida, que demos fruto de alegría, que este fruto permanezca. Es una lógica tan simple que nos cuesta tanto aceptarlo. Permítenos descubrirnos amados por ti, para poder responderte con un amor más puro y libre, sin miedos, sin intereses, sin medias tintas.

Ayúdame a comprender que sólo permaneciendo en ti, sin acumular para mí, puedo mantenerme vivo en el amor. Que sólo en esta confianza en tu amor mi alegría llegará a la perfecta armonía, pues mis pequeños actos de amor estarán en la sintonía del Amor más grande, el mismo Amor con el cual el Padre desde la eternidad te ha amado. Tú, Señor, eres la fuente de mi alegría.

 

CONTEMPLAXIO 

y se te abrirá por la contemplación (Hago silencio, me lleno de gozo, me dejo iluminar y tomo decisiones para actuar de acuerdo a la Palabra de Dios)
¿Qué sentimiento despierta en mi corazón cuando Jesús me llama amigo?, ¿qué temores aún son una nube oscura cuando escucho la palabra “cumplir los mandamientos”?
¿Vivo de verdad como un amigo que conoce lo que hace su Señor, o como un simple siervo? ¿Me preocupo de conocer más; me da miedo “comprometerme” existencialmente con las exigencias que de este conocimiento se deriven?
¿Qué decisión puedo tomar para permanecer en este amor?, ¿a quién perdonar?, ¿cómo amar a los otros? Recordemos a Don Bosco: “Tengo prometido a Dios que incluso mi último aliento será para mis pobres jóvenes. (MBe XVIII, 229)”
Me detengo y me contemplo amado por el Señor, que me hace partícipe de sus planes de salvación, que me deja siempre en libertad de querer amar.

 

 

Todos los SantosPrimer lectura, del cap. 7 del Apocalipsis:  Descagar PDF

2Y viendo otro ángel que bajaba desde donde nace el sol, teniendo el sello del Dios viviente, y gritó con potente voz a los cuatro ángeles a los que les fue dado arruinar a la tierra y al mar, 3diciendo: “No arruinen la tierra ni el mar, ni tampoco los árboles hasta que hayamos sellado a los siervos de nuestro Dios sobre sus frentes”. 4Y escuché el número de los sellados, ciento cuarenta y cuatro mil, los sellados eran de todas las tribus de los hijos de Israel.

9Después hube visto estas cosas, he aquí una inmensa muchedumbre, que no podía ser contada por nadie, estaban de pie delante del Trono y delante del Cordero. Se les vistieron estolas blancas y palmas en sus manos 10y gritaban con voz potente: “La salvación a nuestro Dios que está sentado en el Trono y al Cordero”.
11Y todos los ángeles que habían estado de pie circundando el Trono, y de los ancianos y de los cuatro vivientes se postraban delante del Trono sobre sus rostros y alababan a Dios 12diciendo: “En verdad, la bendición y la gloria, y la sabiduría y la acción de gracias, y el honor, el poder y la fuerza son para nuestro Dios por los siglos de los siglos. Amén”.
13Y uno de los ancianos se dirigió hacia mí diciendo: “¿Quiénes son estos que han sido vestidos de estolas blancas y de dónde han venido?” Y yo le respondí: “Señor, tú lo sabes”. 14Él me dijo: “Estos son los que han venido de la gran tribulación y han lavado sus estolas y las han blanqueado en la sangre del Cordero”.


¡Te alabamos, Señor!

 

LEXIO
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La visión que Juan contempla nos abre a contemplar la apertura de la salvación, del pueblo de Israel a todas las naciones de la tierra. La actuación de los ángeles nos muestra la acción directa de Dios sobre la historia, tanto para preservar, como para arruinar. El destino de la historia está en manos del Señor. El ángel que porta el sello viene del oriente, lugar del nacimiento del sol, signo de renovación, de un nuevo día. El sello indica la pertenencia a Dios, el pueblo que él se ha elegido y marca como propio. La marca será en la frente, lugar visible para los otros, pero también recuerdo al pensamiento de quien porta el sello, tal como el pueblo de Israel lleva las palabras del Señor “entre sus ojos”. La suma de los que son sellados nos refleja el signo de la abundancia y refrendo de la elección del pueblo de Israel. El número 12 simboliza la elección (tanto las tribus de Israel, como los apóstoles se ajustarán a este número) y el número 1000 habla de abundancia (12x12x1000). Los preservados son escogidos de Dios, elegidos de entre los hijos de Israel – podría hablarse o no de una totalidad del pueblo – y esta elección constata la fidelidad de Dios a su Alianza. La presencia de estos justos detiene el mal que se cierne sobre la tierra, el mar y la vida – representada en los árboles –, lo que nos recuerda el episodio de la intercesión de Abraham por Sodoma y Gomorra.
Después de esta visión, se abre el horizonte a una visión aún más grande: una muchedumbre incontable. Los números que en los escritos de Juan (Jn y Ap) juegan un papel importante, aquí son indefinidos. Los números en su valor simbólico determinan y definen un grupo, aquí la multitud acoge a todos las etnias, pueblos, lenguas, tribus... y su indeterminación es agudizada con la pregunta: “¿Quiénes son estos?” Lo incontable expresa no sólo la abundancia – ya expresada en los 144,000 – sino la sobre-abundancia de la salvación. Lleva así el cumplimiento de Dios no sólo de su Alianza con Israel, sino de la promesa hecha a Abraham.
Entonan un canto de alabanza a la salvación efectuada por Dios y por el Cordero, y ante el triunfo de esta salvación en beneficio de los hombres, los ángeles del cielo también entonan su canto de adoración. No sólo adoran la majestad de Dios, sino que circundan también a los vivientes y los ancianos; los circunda, como protegiendo y enmarcando la comunión celeste entre Dios y los hombres.
Los que vienen de la gran tribulación, son un grupo que podría relacionarse con aquellos degollados debajo del altar (Ap 6, 9-11), los perseguidos por el Dragón (12, 17) y/o los que acompañan al Cordero (14, 14; 19, 14). Resulta paradójico: “blanquear en sangre”, pero esta sangre no es la propia.

 

REFLEXIO

… y encontrarás meditando...

La celebración que hoy hacemos de conmemorar a todos los santos, es al igual que la victoria aquí celebrada – y que aparece en el libro antes del juicio y victoria definitivas de Dios –, una anticipación de lo que nos aguarda.
Vivimos en nuestro mundo y en nuestro tiempo – como lo han vivido tantos de nuestros hermanos y hermanas, en su momento y en su lugar concretos – la gran tribulación. Siempre tentados por la desesperanza delante del mal del mundo, de la persecución e incluso de todo lo que arruina nuestro cosmos. Sin embargo, en medio de nuestras tribulaciones, podemos constatar la fidelidad de Dios a su Alianza (en la cual tenemos una parte de observar) y a su Promesa (que depende de su total gratuidad). Dios es fiel más allá de las limitaciones humanas, y manifiesta su fidelidad en la elección que hace de nosotros. Mas esta elección no es extrínseca, no nos es indiferente ni lejana: se lleva en la carne – como el sello – y se lava en la sangre del Cordero.
Los santos son al igual que nosotros, elegidos por Dios. Estos hermanos y hermanas nuestras – partícipes de nuestra misma fe, y también aquellos que en la inescrutable Providencia de Dios, son partícipes de su proyecto – son esa garantía que detiene el mal que acecha al mundo, ya que en ellos refulge la sangre no desaprovechada del Cordero, son signos de su salvación, y por ello les veneramos – no por ellos, sino porque en ellos es patente la acción salvífica de nuestro Dios. ¿Y nosotros, hasta cuándo participaremos de esta elección, de esta consagración, de esta santidad? No sea que – como en Sodoma, no se hallen siquiera 10 justos entre nosotros, y continuemos a ver amenazada la vida, la tierra, el mar. Recordamos lo que decía León Bloy: “Solo existe una tristeza, la de no ser santo”.

 

ORAXIO

… llama orando...

Oremos con el Evangelio (Mt 5, 3-12), dejando un espacio de silencio en medio de la bienaventuranza para recordar a los testigos de ésta (Santos, Beatos, Venerables, Siervos de Dios... y demás cristianos auténticos que conocemos)

3Bienaventurados los pobres en espíritu, [...] pues de ellos es el reino de los cielos.
4Bienaventurados los que lloran, [...] pues ellos serán consolados.
5Bienaventurados los humildes, [...] pues ellos heredarán la tierra.
6Bienaventurados los que tienen hambre y sed de justicia, [...] pues ellos serán saciados.
7Bienaventurados los misericordiosos, [...] pues ellos recibirán misericordia.
8Bienaventurados los de limpio corazón, [...] pues ellos verán a Dios.
9Bienaventurados los que procuran la paz, [...] pues ellos serán llamados hijos de Dios.
10Bienaventurados aquellos que han sido perseguidos por causa de la justicia, [...] pues de ellos es el reino de los cielos. 11Bienaventurados serán cuando los insulten y persigan, y digan todo género de mal contra ustedes falsamente, por causa de mí. 12Regocíjense y alégrense, porque su recompensa en los cielos es grande, porque así persiguieron a los profetas que fueron antes que ustedes.

 

CONTEMPLAXIO

… y se te abrirá por la contemplación!

¿Qué siento al contemplar a mis hermanos y hermanas glorificados?
¿Me siento llamado(a) a la santidad? ¿Qué significa para mí el ser elegido(a) por Dios para esta gran y cotidiana empresa? ¿Cuál puede ser mi “marca” que me recuerde y recuerde a los demás que le pertenezco? ¿Abro horizontes de la salvación a mis hermanos, o sólo me conformo con “no ser malo”?
¿Cómo alentar a mis hermanos y hermanas que viven la gran tribulación? ¿Cómo dejarme lavar en la sangre del Cordero?

 

 

 

Cristo Rey BTexto: Jn 18, 33b-37  Descargar PDF

33Pilato llamó a Jesús y le dijo: “¿Eres tú el rey de los judíos?” 34Jesús le respondió: “¿Por ti mismo dices esto, u otros te han hablado sobre mí?” 35Respondió Pilato: “¿Acaso soy yo judío?, tu pueblo y los sumos sacerdotes te han entregado a mí, ¿qué has hecho?” 36Jesús respondió: “El reino mío no es de este mundo. Si de este mundo fuera el reino mío, mis súbditos habrían luchado para que no fuese entregado a los judíos. Ahora pues, el reino mío no es de aquí.” 37Le dijo entonces Pilato: “Así que, ¿tú eres rey?” Jesús respondió: “Tú dices que soy rey. Yo para esto he sido generado y para esto he venido al mundo, para que yo dé testimonio de la verdad. Todo el que es de la verdad escucha mi voz.” [38Pilato le dijo: “¿Qué es la verdad?”]

¡Gloria a ti, Señor, Jesús!

LEXIO
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El encuentro entre Jesús y Pilato gira en torno a la pregunta: “¿Eres rey?” Repetida dos veces y cuya afirmación es evadida por Jesús. En la primer respuesta Jesús hace otra pregunta sobre la fuente de este título en labios del procurador romano. Jesús ha sido llamado rey en varios momentos (Mt 2, 2; Jn 1, 49; Lc 19, 38), algunos movidos por rumores, otros movidos por la fe. Pilato responde con otra pregunta: “¿Acaso soy yo judío?”, se declara excluido del pueblo elegido, su ignorancia sobre las promesas a Israel lo sitúan como antípoda de Natanael, un verdadero israelita (Jn 1, 49). Pilato no se mueve por la fe, sino por las presiones políticas del pueblo y las autoridades religiosas.

Ante la ignorancia de Pilato, Jesús explica que su reino no proviene de este mundo. Jesús al hablar de su relación con este reino usa una aposición (el reino [el] mío), en vez de un simple adjetivo posesivo (mi reino); no afirma su dominio sobre el reino, lo cualifica con su propia persona; entre todos los reinos, este reino se identifica con Jesús. No nos encontramos ante un rey como los de los hombres que son criticados por Jesús (Lc 22, 25), tal vez por ello evade el ser llamado “rey”, y prefiere declararse testigo de la verdad.

El título de “rey” en Israel evoca la crisis religiosa e el paso de los jueces a la monarquía (1 Sm 8, 7); el rey originario sólo es Dios, al punto que en las formas de oración él es llamado “rey del universo”. Así, el que Jesús sea llamado rey no sólo connota un elemento político, sino también religioso. De ahí el escándalo ante el título escrito sobre la cruz de Jesús (Jn 19, 19-22) y el doblez de las autoridades religiosas judías que declaran no tener otro rey que el césar (Jn 19, 15).

Jesús menciona que si su reino fuera de este mundo sus súbditos lucharían a muerte por él para que no cayera él en manos de los judíos, no se trata de una impotencia suya en este mundo, sino una diferencia de criterios.
Al presentarse como testigo de la verdad, lo hace evocando a su origen y a su venida a este mundo; esto nos lanza al prólogo del cuarto evangelio (Jn 1, 1-18). En esto vemos un contraste, Jesús que es la luz, aquí es presentado casi a la par de Juan: testigo. Pero al mismo tiempo Jesús usa el mismo signo del Buen Pastor, de quien se conoce la voz (Jn 10, 14-16). En el AT encontramos que Dios es llamado el Pastor de Israel, y que el prototipo de rey – David – era también un pastor. En la lectura litúrgica se omite el v. 38. La última pregunta de Pilato que queda sin respuesta: “¿Qué es la verdad?” El Evangelio nos dice que la Verdad no es una idea, sino que tiene un rostro; y que ésta no se posee, sino que implica una relación: Jesús (Jn 1, 9; 14, 6; 17,17ss; 20, 35).

 

REFLEXIO

… y encontrarás meditando...

Un reino diferente: vivir en la Verdad.
El título de rey, según los criterios del mundo evoca dominio absoluto. La palabra “monarca” que usamos como sinónimo nos expresa “un único principio de orden”, de aquí podemos entenderlo como tiranía política, o si lo ponemos en el plano de la existencia como el principio en torno al cual todo tiene inicio, todo está ordenado. Vemos en el diálogo entre Jesús y Pilato una diferencia entre ambas comprensiones. Jesús es “rey” en la segunda acepción de monarca: él es la Verdad. Mientras que los reyes del mundo dominan, él ofrece la libertad (Jn 8, 32), la vida (Jn 1, 4; 14, 6), la santificación (Jn 1, 12; 17, 19). Por tanto el Reino de Cristo no se impone a la fuerza de ejércitos, sino que se testimonia con la Verdad.

El mundo, nosotros mismos, seguimos preguntando como Pilato: “¿Qué es la Verdad?” En la manera en que seamos como Nicodemo – sin ningún doblez, como ha dicho Papa Francisco: “pecadores sí, corruptos no”*– podremos reconocer a Jesús: “Maestro, tú eres el Hijo de Dios; tú eres el Rey de Israel”. Nuestra Iglesia vive una época de mártires, de testigos de la Verdad (Ap 6, 9-11; 7, 9ss.); el triunfo de Cristo (Ap 19, 11-16) está presente en cada uno de ellos; que así venza él en nuestro corazones, que podamos vivir en la libertad de los hijos de Dios.


ORAXIO

… llama orando...

“Reine Jesús por siempre, reine su corazón.”
Dios, Padre bueno, que en la etapa final de la historia,
enviaste a tu Hijo como testigo de tu Verdad en medio nuestro,
para redimirnos del pecado y de la muerte,
y derramaste el Espíritu, para hacer de nosotros,
llamados de entre todas las naciones un solo pueblo nuevo,
haz que tengamos como meta, tu reino,
como estado, la libertad de tus hijos,
como ley, el precepto del amor.

Que seamos capaces de rechazar cuanto desdiga del nombre de cristianos,
siendo dignos de nuestros hermanos y hermanas mártires de le fe y la caridad.
¡Que viva Cristo Rey!

Amén.


CONTEMPLAXIO

… y se te abrirá por la contemplación!

¿Qué sentimientos suscita en mí ver un “rey frágil” apresado? ¿Me siento de verdad parte del pueblo de Dios, de su Reino?
¿Qué cosas veo en el mundo y en mi manera de vivir que no son concordes con la Verdad?
¿A qué cosas he de renunciar para acoger el Reino como experiencia de libertad? ¿Cómo escuchar la voz de Jesús y reconocerle como “principio ordenador” de todos los ámbitos de mi existencia (humana, espiritual, socialmente)?