26 de Octubre - San Demetrio de Tesalónica, mártir

imagen-santo-del-dia
Le dieron el cargo de perseguir cristianos. En lugar de eso, se dedicó a formar cristianos. Demetrio nació en Tesalónica, la actual Grecia, hijo de un procónsul romano, es decir, un gobernador de alto rango en el Imperio. Sus padres eran cristianos en secreto y lo bautizaron a escondidas, criándolo en la fe dentro de una iglesia oculta en su propia casa. En aquella época, profesar el cristianismo podía costar la vida. Cuando su padre murió, el emperador Galerio Maximiano nombró a Demetrio en su lugar como procónsul de Tesalónica. Era joven, capaz y confiable. Su misión tenía dos frentes: defender la ciudad de los bárbaros y exterminar a los cristianos. El emperador no imaginaba que acababa de darle a un creyente la plataforma perfecta para predicar. Demetrio no se escondió. En lugar de perseguir a los cristianos, comenzó a enseñar la fe abiertamente y a combatir las costumbres paganas. Convirtió a tantas personas que su biógrafo, san Simeón Metafraste, lo comparó con un segundo apóstol Pablo en Tesalónica, la misma ciudad donde Pablo había fundado una de las primeras comunidades cristianas. Cuando el emperador se enteró, su furia no tuvo límites. Demetrio, sabiendo lo que venía, repartió sus riquezas entre los pobres y se preparó para morir. Fue encarcelado. Mientras tanto, Maximiano se entretenía en el circo, donde su campeón, un gladiador llamado Liaco, derrotaba y mataba cristianos ante la multitud. Un joven cristiano de nombre Néstor fue a la celda de Demetrio a pedirle su bendición para enfrentar al gladiador. Demetrio lo bendijo y Néstor venció a Liaco. Furioso, el emperador ordenó la ejecución de ambos: Néstor fue decapitado y Demetrio, atravesado con lanzas por los guardias de su propia prisión, en la madrugada del 26 de octubre del año 306. Su cuerpo fue arrojado a las fieras, pero los cristianos lo rescataron y lo enterraron en secreto. Durante el reinado de Constantino se levantó una iglesia sobre su tumba, y cien años después se hallaron sus reliquias incorruptas. Desde el siglo VII, de su sepulcro brotó un aceite aromático que la tradición llama mirra, por lo que se le conoce como "el derramador de mirra". Un joven que recibió el poder para destruir y eligió construir. Eso también es santidad.