27 de Octubre - San Evaristo, papa y mártir

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Fue el quinto papa de la historia. Ninguno de los cuatro anteriores había muerto de muerte natural. Evaristo era de origen judío y griego, hijo de un hombre llamado Judas, natural de Belén. Conocía a fondo las Sagradas Escrituras, lo que le dio una base sólida para predicar y enseñar. Llegó a Roma como sacerdote y se ganó el respeto de la comunidad cristiana por su santidad y cercanía con los fieles. Fue elegido papa alrededor del año 99, sucediendo a san Clemente I. Se resistió a aceptar el cargo, consciente de lo que significaba: hasta entonces, cada obispo de Roma había terminado martirizado. Pero finalmente aceptó. Su pontificado, que duró entre ocho y trece años según las distintas fuentes, fue breve en tiempo pero decisivo en organización. Evaristo tomó medidas que marcaron la estructura de la Iglesia por siglos. Distribuyó los llamados tituli —las primeras iglesias parroquiales— entre los sacerdotes de Roma, creando una organización territorial para atender mejor a los fieles. Ordenó que el matrimonio se celebrara públicamente ante un sacerdote, lo que le daba seriedad y transparencia al sacramento. Y estableció un grupo de siete diáconos encargados de acompañar al obispo durante la celebración litúrgica, velando por la fidelidad del texto en una época en que las fórmulas de la Misa aún no estaban escritas y el riesgo de errores teológicos era real. También defendió la fe contra corrientes como el gnosticismo y el docetismo, que distorsionaban la enseñanza cristiana sobre la persona de Cristo. Murió mártir en los primeros años del siglo II, durante el gobierno del emperador Trajano, quien había ordenado la tercera persecución contra los cristianos. Su cuerpo fue sepultado en la colina Vaticana, junto a la tumba de san Pedro. Un hombre que sabía lo que le esperaba al decir que sí, y dijo que sí igual. Eso no es temeridad: es fe.